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Último Mundial sin Messi: 28 años de historia y una era que termina

El fin de una era: 28 años después, el fútbol argentino vivirá un Mundial sin Messi

La Copa del Mundo de 2030 será la primera en casi tres décadas en disputarse sin Lionel Messi. La última vez que eso ocurrió, el rosarino tenía apenas 14 años, vivía en la pensión del Barcelona y se escapaba de las burlas de sus compañeros tras la eliminación de Argentina en Japón-Corea 2002. El mundo era otro. El fútbol, también.

Un 12 de junio de 2002, con un empate sin gloria ante Suecia y la temprana eliminación del equipo de Marcelo Bielsa, Argentina se despedía de un Mundial de la peor manera. A miles de kilómetros de distancia, en la Masía barcelonesa, un pibe flaco y tímido de Rosario miraba el partido rodeado de sus compañeros de la categoría Cadetes. Cuando terminó el partido, aguantó las cargadas lo que pudo y se fue a su departamento. Ese chico era Lionel Messi.

El contraste con lo que vendría después es brutal: desde su debut mundialista en Alemania 2006, ante Serbia y Montenegro, Messi transformó cada Copa del Mundo en un capítulo de su propia leyenda. Más partidos, más ediciones, más asistencias, único titular en tres finales y segundo máximo goleador histórico de los Mundiales. El amistoso ante Benín, este martes, será la postdata de esa historia sin igual.

Pero volvamos a aquel 2002. El Leo de entonces era un adolescente que recién había recibido la habilitación para jugar en la Federación Española en febrero de ese año, luego de que la FIFA rechazara el pedido de Newell’s. Compartía cancha con una generación que haría historia: Gerard Piqué y Cesc Fàbregas eran sus compañeros de plantel en la categoría 87 del Barca. En el primer equipo, tres argentinos —Juan Román Riquelme, Roberto Bonano y Javier Saviola— lo invitaban a charlar y a un helado de vez en cuando.

Era un pibe solitario. Se cambiaba en una esquina del vestuario, se duchaba primero o último para evitar el gentío, y su principal vínculo con sus compañeros era la PlayStation, en la que —claro— les ganaba a todos. Mientras tanto, se comunicaba con su familia a través del Messenger, porque en Argentina la banda ancha todavía era un lujo: hasta 2005, la mayoría de los hogares se conectaban a Internet por dial up. Los smartphones no existían en el país. Facebook aún no había nacido. Twitter tampoco. El mundo era analógico.

Ese era el contexto en el que Messi miraba, impotente y dolido, la eliminación de su selección. Ese fue el último Mundial sin el 10. Y mientras el planeta se transformaba a una velocidad inédita —iPhone, YouTube, WhatsApp, Instagram, Netflix, inteligencia artificial—, Messi construía en paralelo el mayor imperio individual que el fútbol haya conocido.

El fútbol argentino de entonces también era distinto: dos torneos por año (Clausura y Apertura), cinco suplentes, tres cambios, botines negros, hinchas visitantes en los clásicos y Diego Maradona recién retirado desde 1997, con su partido despedida en noviembre de 2001 todavía fresco en la memoria. No había VAR, ni pausas de hidratación, ni redes sociales para procesar las derrotas en tiempo real.

Hoy, en 2026, mientras Argentina se prepara para despedir a Messi con una fiesta en el Monumental, el dato que más pesa es uno solo: habrá que esperar hasta 2030 para ver un Mundial sin el 10. Y después de 28 años con él, la pregunta que nadie quiere hacerse es cómo será ese fútbol sin Lionel.

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