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Cristian Binetti: erró el penal del clásico y hoy maneja un colectivo

Titular: Erró el penal más recordado del clásico cordobés y hoy maneja un colectivo: la increíble historia de Cristian Binetti

El fútbol argentino está lleno de historias que van mucho más allá de los goles y los títulos. La de Cristian Binetti es una de esas: lateral, casi sin minutos en cancha durante 1998, protagonista involuntario de una de las noches más dramáticas del fútbol cordobés, y hoy chofer de colectivo en la ciudad de Córdoba. Una vida que no sigue el guión esperado, pero que él cuenta con una honestidad que desarma.

La noche que marcó todo

El 5 de julio de 1998, Talleres y Belgrano se enfrentaban en la final del Nacional B para definir quién ascendía a Primera División. Una noche que en Córdoba todavía se recuerda como “la final del siglo”. La T había ganado la ida 1-0; el Pirata se impuso 2-1 en la vuelta y la serie quedó igualada en el global. Todo se definiría desde los doce pasos.

Binetti, que prácticamente no había sumado minutos en todo el campeonato, fue convocado para ese partido. Pero esa misma noche tenía otro motivo enorme para estar en otro lugar: su hijo estaba por nacer. El lateral pidió postergar el parto un día para poder jugar. La vida, sin embargo, tiene sus propios tiempos.

Le tocó patear el sexto penal de Belgrano. La pelota salió bien, pero se fue al travesaño. Después Luis Lute Oste convirtió el suyo y Talleres ganó la serie 4-3, volviendo así a la máxima categoría del fútbol argentino. “Miré la fosa, estaba lejos para ir a tirarme”, recordó Binetti tiempo después, con una mezcla de humor y resignación que solo da el tiempo.

Una madrugada que cambió todo

Lo que vino después de ese penal fue aún más impactante. A las cinco de la mañana, Binetti tuvo que salir corriendo del vestuario: su hijo venía con el cordón umbilical enredado en el cuello. Una situación de riesgo real que puso todo en perspectiva. “Eso te permite ver que hay cosas más importantes”, reflexionó el exfutbolista.

El nacimiento de su hijo salió bien. Y ese momento, en medio de una de las noches más duras de su carrera, se convirtió en el ancla que le dio sentido a todo lo que vino después.

Del verde al volante

Binetti había comenzado su carrera en General Paz Juniors en 1993 y pasó por Racing de Córdoba, Instituto y Belgrano, siempre como marcador de punta. Pero en 2003, tras lesiones y dificultades personales y económicas, colgó los botines en Racing de Córdoba.

La transición no lo agarró desprevenido: su padre también era chofer de colectivo, y ese camino ya lo conocía desde chico. Sacó los carnets necesarios y comenzó a trabajar para la empresa Coniferal. “Cuando dejé de jugar dije ‘es hora de trabajar'”, contó sin vueltas.

Y con la misma simpleza con que vivió su carrera futbolística, le puso una frase a su nueva etapa: “El colectivo pasó a ser tres cuartas partes de mi vida.”

Una historia que va mucho más allá del travesaño

La de Cristian Binetti no es la historia de un futbolista que fracasó. Es la historia de un hombre que vivió una noche que lo marcó para siempre, que eligió sus prioridades cuando más importaba, y que encontró en el trabajo cotidiano una identidad tan válida como cualquier gol. El penal que pegó en el palo forma parte del folklore del clásico cordobés. Pero lo que vino después dice mucho más sobre quién es realmente.

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