Titular: Chimy Ávila, el delantero que estuvo preso, casi jugó para España y ahora puede ser el nueve de Boca Juniors
De Empalme Graneros a la Bombonera: la historia de superación del rosarino que quedó libre del Betis y es uno de los principales candidatos para reforzar la delantera xeneize.
Boca Juniors atraviesa una urgencia en el mercado de pases. La lesión de Adam Bareiro dejó un hueco difícil de tapar en el centro del ataque, y la dirigencia del Xeneize salió a buscar soluciones con rapidez. Entre los nombres que suenan con fuerza aparece el de Ezequiel “Chimy” Ávila, un delantero rosarino de 32 años que quedó libre del Real Betis en julio y cuyo regreso a la Argentina parece más cercano que nunca. Las conversaciones podrían iniciarse en las próximas horas.
Pero la historia del Chimy va mucho más allá de los números o las estadísticas. Es, ante todo, una historia de redención.
De la cárcel al fútbol profesional
Nacido en Rosario, en el humilde barrio de Empalme Graneros, Ezequiel Ávila tuvo una infancia atravesada por las dificultades propias de un entorno violento y sin oportunidades. Siendo menor de edad, fue juzgado y condenado por un robo, lo que lo llevó a cumplir dos años de prisión. Sin embargo, al recuperar su libertad, decidió no volver a delinquir. El fútbol fue su tabla de salvación.
“Tengo muchos amigos que han muerto dentro de la cárcel. Una cárcel te cierra, pero no te mata. Los presos no tienen sueños apagados, los tienen en pausa. Me equivoqué y lo pagué. ¿Qué quieren, que pague con mi vida?”, declaró en una de las charlas que brindó como parte de un programa de reinserción social, una vez que alcanzó la fama.
Aunque hizo las divisiones inferiores en Boca Juniors, donde compartió plantel con Leandro Paredes, fue Tiro Federal quien le abrió las puertas del fútbol profesional. Desde allí, San Lorenzo lo incorporó para la máxima categoría, y tras un puñado de partidos con el Ciclón, llegó el salto a Europa.
Nueve años en España y casi la Roja
Un préstamo a Huesca fue el puntapié inicial de su aventura española. Luego, Osasuna lo compró a San Lorenzo por 2,5 millones de dólares, y el Chimy se transformó rápidamente en ídolo del club navarro. Su garra, sus goles y su conexión con los compañeros lo convirtieron en figura de La Liga. Tanto fue su rendimiento que Luis de la Fuente lo incluyó en una prelista de la selección española tras el Mundial de Qatar 2022, aunque finalmente fue recortado y nunca llegó a representar a ninguna escuadra nacional.
En 2024, el Real Betis apostó por él, pero la consolidación no llegó: disputó 30 partidos y apenas marcó tres goles. Con el contrato vencido, quedó libre este julio.
Tragedias que no lo detuvieron
A principios de 2020, el Chimy sufrió la primera de dos roturas de ligamento cruzado, una en cada rodilla. Pero el golpe más duro no fue físico: apenas cinco días después de su primera lesión, su cuñado fue asesinado a tiros en Rosario, junto a su esposa e hija.
“Yo no puedo ir a ver a mis amigos de la infancia porque no sabés si en cualquier momento te van a matar. He llevado armas en la cintura y pensás que sos un superhéroe. Y no lo sos”, reflexionó con una honestidad que sacude.
A sus 32 años, con el pase en su poder y una historia de vida que trasciende el deporte, Chimy Ávila podría encontrar en la Bombonera el escenario ideal para el último gran capítulo de su carrera. Boca lo espera. Y la historia, también.







