Titular: Argentofobia sin freno: la Selección no pudo ganar ni perder en paz en el Mundial 2026
Hubo algo llamativo, casi paradójico, en el trato mediático que recibió la Selección Argentina a lo largo del Mundial 2026: no importó si ganaba o si perdía, siempre había algo que reprocharle. Durante las semanas previas a la final, una parte importante de la prensa internacional —especialmente la estadounidense y la europea— repitió hasta el hartazgo las teorías de un torneo supuestamente entregado por la FIFA a favor de Lionel Messi y compañía. El hashtag “ArgenFIFA” y frases como “Infantino le va a dar la Copa a Messi” circularon con una insistencia que recordaba lo ocurrido en Qatar 2022. Sin embargo, cuando España se consagró campeona y Argentina quedó subcampeona del mundo, esas teorías no desaparecieron: simplemente mutaron en nuevas críticas.
Horas después de la derrota en la final —un partido disputado con corrección y sin polémicas arbitrales de peso—, medios de Estados Unidos, Inglaterra y varios países europeos apuntaron contra los jugadores argentinos por su comportamiento tras el pitazo final. La acusación central era que la Selección había actuado como una mala perdedora y que había faltado el respeto a España en el momento de la celebración. El análisis, sin embargo, omitía matices importantes.
Es verdad que las reacciones de Leandro Paredes, Nahuel Molina y Roberto Ayala, quienes protagonizaron cruces físicos con rivales tras el partido, no generan orgullo ni tienen justificación plausible. Es probable que alguna provocación verbal previa haya encendido la mecha, pero eso no los absuelve. Lo que sí resulta llamativo es la selectividad con la que se aplicó ese estándar: cuando Jude Bellingham le pegó una cachetada al Colo Barco después de la semifinal, pocos levantaron la voz. Tampoco hubo indignación cuando el arquero inglés Jordan Pickford festejó un gol en la cara de los hinchas argentinos en las tribunas.
El otro foco de críticas apuntó a los jugadores que, durante la entrega de la Copa del Mundo a España, se ubicaron frente a la tribuna argentina en lugar de observar la ceremonia. Para la visión local del fútbol, esa conducta es comprensible: ver cómo otros levantan el trofeo que vos soñaste es una de las imágenes más difíciles de digerir. Nadie preguntó qué hicieron los jugadores de Francia después de perder la final contra Argentina en Qatar 2022. Simplemente no era noticia.
Lo cierto es que Lionel Scaloni fue uno de los primeros en reconocer la jerarquía del rival: afirmó que España era un merecido ganador. Eso, claro, tampoco fue suficiente para calmar a los críticos de turno.
El fútbol, con toda su carga emocional, invita a ganar, a perder y a metabolizar ambas cosas desde la propia identidad. La Argentina tiene una manera particular de vivir el fútbol, intensa, apasionada y a veces desbordada. Eso no es una falla moral: es parte de su cultura deportiva. Exigirle a la Selección que gane o pierda según parámetros ajenos no es análisis periodístico. Es, simplemente, argentofobia.





