La era tecnológica terminó de golpear la puerta y el MLB decidió abrirla de par en par. Para esta temporada 2026, el sistema de ABS (Sistema Automatizado de Bolas y Strikes) dejará de ser un experimento de ligas menores para convertirse en el juez supremo de los diamantes en Estados Unidos. Sin embargo, no todo es frialdad binaria: el factor humano y la estrategia de los mánagers prometen mantener viva la chispa del juego.
Desde Scottsdale, Arizona, el clima de pretemporada no solo huele a césped recién cortado, sino también a debate tecnológico. La oficina del comisionado confirmó que el sistema de cámaras de alta precisión rastreará cada lanzamiento, pero los umpires de carne y hueso seguirán allí. La clave estará en el sistema de “desafíos”: cada equipo tendrá dos chances por partido para cuestionar un fallo. Si aciertan, mantienen el desafío; si fallan, lo pierden, tal como sucede con el VAR en nuestro fútbol.
La estrategia por sobre el algoritmo
Warren Schaeffer, coach de los Colorado Rockies, fue tajante: “He visto desafíos perdidos en la primera entrada y eso no es bueno. La emoción es clave”. La gran duda en los dugouts es quién tendrá el “dedo en el gatillo”. Aunque los lanzadores y bateadores pueden pedir la revisión tocándose el casco, la mayoría de los equipos planean confiar ciegamente en sus receptores (catchers), quienes tienen la perspectiva más clara de la zona.
Torey Lovullo, de los Arizona Diamondbacks, advirtió que no se puede andar gastando balas de plata por un capricho: “Queremos guardar una para el final del juego, para el momento crítico”. En un deporte donde la paciencia es virtud, administrar los desafíos será tan importante como un buen relevista.
Los beneficiados: el ojo de halcón humano
Jugadores con una disciplina de plato envidiable, como el capitán de los New York Yankees, Aaron Judge, se perfilan como los grandes ganadores. “Nuestros muchachos que controlan la zona se van a ver beneficiados”, afirmó Aaron Boone, mánager de los Bombarderos del Bronx. Con el ABS, esos lanzamientos que “parecen” strike pero caen un milímetro afuera ya no dependerán de la interpretación o el cansancio del umpire.
En 2025, las pruebas mostraron que el 52.2% de los desafíos fueron exitosos para los jugadores, con una demora promedio de apenas 13.8 segundos. El béisbol cambia, se moderniza y busca la justicia absoluta, pero mientras haya un hombre con un bate y otro con un guante, la “maña” y la estrategia seguirán siendo el alma de la fiesta.









