El 29 de junio de 1986 quedó grabado a fuego en la historia del deporte argentino. En el estadio Azteca, la Selección Argentina dirigida por Carlos Bilardo venció 3-2 a Alemania Federal y conquistó su segunda Copa del Mundo. Cuatro décadas después, aquella consagración sigue siendo mucho más que un título: es un símbolo de identidad, resiliencia y talento puro, con Diego Maradona en su punto más alto.
El camino hacia la gloria no fue sencillo. El equipo estuvo al borde de quedarse afuera en las Eliminatorias sudamericanas y las críticas hacia Bilardo eran constantes. Sin embargo, el entrenador apostó por un grupo sólido, comprometido con una idea clara: competir al máximo nivel, sin concesiones estéticas. Ese respaldo, sumado al liderazgo futbolístico y emocional de Maradona, terminó siendo decisivo.
En México, Argentina fue de menor a mayor. Superó la fase de grupos con autoridad y empezó a construir su leyenda en los cruces decisivos. En octavos, dejó en el camino a Uruguay con un ajustado 1-0. Pero el partido que marcó el torneo fue el de cuartos de final ante Inglaterra, cargado de contexto histórico tras la Guerra de Malvinas.
Aquella tarde en el Azteca, Maradona protagonizó dos de los goles más icónicos de todos los tiempos: la “Mano de Dios” y el “Gol del Siglo”. Fue una actuación que trascendió lo deportivo y se metió en el corazón de todo un país. Luego, en semifinales, Argentina superó con claridad a Bélgica, otra vez con el Diez como figura excluyente.
La final ante Alemania tuvo todos los condimentos. Argentina se puso 2-0 con goles de José Luis Brown y Jorge Valdano, pero los europeos reaccionaron y empataron. Cuando el partido parecía inclinarse hacia la incertidumbre, apareció la conexión decisiva: Maradona asistió a Jorge Burruchaga, que definió para el 3-2 final y desató la locura.
Aquel plantel, integrado por nombres como Nery Pumpido, Oscar Ruggeri, Sergio Batista, Jorge Valdano y Ricardo Giusti, entre otros, logró un título invicto y sin necesidad de penales. Más allá de los nombres, fue un equipo con carácter, convicción y una unión pocas veces vista.
En 2026, a 40 años de aquella epopeya, varios de sus protagonistas ya no están, como Maradona, Brown o Cuciuffo. Sin embargo, el legado sigue intacto. Los campeones mantienen el vínculo, recuerdan anécdotas y sostienen vivo el espíritu de un grupo que hizo historia.
México 86 no fue solo un campeonato: fue la obra cumbre de un equipo que se transformó en leyenda.










