La elite del fútbol mundial no es gratuita y Rio Ferdinand, uno de los defensores más elegantes y aguerridos que vio la Premier League, lo sabe mejor que nadie. A los 47 años, el ex capitán del Manchester United y referente absoluto de la Selección de Inglaterra, rompió el silencio sobre el calvario físico que atraviesa hoy, producto de las secuelas de una carrera estelar pero devastadora para su cuerpo.
En una entrevista cruda con Men’s Health UK, Ferdinand confesó que los dolores crónicos de espalda lo han llevado a situaciones límite. “Es una locura, pero surge de repente. Tengo momentos de dolor tan fuertes que me obligan a estar hospitalizado o en silla de ruedas un par de días”, reveló el ex futbolista. Una declaración que sacude al mundo del deporte, considerando que Rio siempre fue visto como un atleta ejemplar y un portento físico.
El costo de la “gloria”
Durante su etapa dorada en el Manchester United, donde disputó casi 600 partidos y compartió vestuario con figuras como Carlos Tevez y Cristiano Ronaldo, Ferdinand llevó su cuerpo al extremo. La presión por rendir en el más alto nivel lo empujó a depender de fármacos: “Estuve tomando pastillas e inyecciones durante seis años solo para poder entrar a la cancha”, admitió. Hoy, ese “parche” temporal se transformó en una condición crónica que afecta su vida cotidiana.
Tras su retiro en 2015 en el Queens Park Rangers (QPR), el defensor inició un camino de recuperación basado en un enfoque holístico. Acompañado por su esposa Kate Ferdinand, se mudó recientemente a Dubái buscando un clima y un ritmo de vida que favorezcan su bienestar. “En lugar de arreglar el cuerpo cuando ya está roto, hay que trabajar en la prevención. Me llevó 47 años entenderlo”, reflexionó con la sabiduría que dan las cicatrices.
Un ejemplo para sus hijos
Más allá del dolor, Ferdinand se mantiene firme en el gimnasio, no por estética, sino por salud mental y educación para sus cinco hijos. Para el ex central, que enfrentó tragedias personales como la pérdida de su primera esposa Rebecca, el movimiento es medicina. “Mis hijos necesitan verme activo. Quiero que entiendan que moverse es lo normal, incluso cuando la situación es mala”, concluyó la leyenda, dejando una lección que trasciende el verde césped: el partido más difícil se juega después del retiro.









