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Los primeros campeones mundiales del básquet argentino: gloria en 1950 y suspensión de por vida siete años después

El 3 de noviembre de 1950, el Luna Park fue el escenario de algo que nadie había visto antes: Argentina le ganó 64-50 a Estados Unidos y se convirtió en el primer campeón mundial de la historia del básquet. Una hazaña monumental. Pero lo que vino después fue una de las historias más injustas del deporte argentino.

Según informó TyC Sports, el equipo nacional llegó a esa final tras un proceso de preparación intenso. El técnico Jorge Canavesi diseñó un plan de 60 días con seis horas diarias de entrenamiento. Los jugadores, todos amateurs con sus trabajos y sus vidas, consiguieron licencias laborales para dedicarse de lleno al torneo que organizaba el propio país.

El capitán Ricardo González y Oscar Furlong, figura del equipo con 20 puntos en la final y elegido mejor jugador del torneo, condujeron a Argentina a la cima del mundo. Esa noche, miles de hinchas recorrieron la avenida Corrientes hacia el Obelisco con velas encendidas. La llamaron la noche de las antorchas.

El reconocimiento llegó desde la cima del poder: Perón y Eva Perón recibieron a los campeones. Como premio, cada jugador obtuvo un permiso para importar un auto libre de impuestos. La mayoría lo vendió porque no tenía dinero para pagarlo. Ese detalle, aparentemente menor, se convertiría años después en el centro de una acusación.

En septiembre de 1955, un golpe de Estado derrocó a Perón. El nuevo gobierno intervino la Confederación Argentina de Básquetbol y creó comisiones para revisar el deporte de la etapa anterior. En agosto de 1956, Argentina quedó afuera de los Juegos Olímpicos de Melbourne.

El golpe final llegó el 27 de marzo de 1957: el interventor Amador Barros Hurtado y el secretario Luis Salluzzi firmaron la suspensión de por vida de más de 30 jugadores, incluidos los campeones del mundo. La acusación fue profesionalismo: los permisos para autos y otros beneficios recibidos fueron considerados un pago en una era estrictamente amateur. La sanción se comunicó a la FIBA, lo que les impidió jugar en cualquier lugar del mundo.

“Nuestro gran pecado fue ganar el Mundial”, resumió Oscar Monza, uno de los sancionados. Y sobre los autos, fue contundente: “No nos regalaron ningún auto”.

Para muchos historiadores, la medida tuvo un componente político claro: borrar los logros asociados al peronismo. Varios de los sancionados, de hecho, no eran peronistas.

La suspensión fue levantada recién a fines de los años 60, cuando la mayoría ya no tenía edad para competir. El básquet argentino tardó décadas en recuperarse. “Sin estrellas se hizo imposible que los chicos se fijaran en nuestro deporte”, explicó González.

En mayo de 2025, Ricardo González cumplió 100 años como el último sobreviviente de aquel equipo. Durante años, los campeones se reunieron a comer en el club Palermo. Hoy, González lo recuerda con una frase que lo dice todo: “Ahora me quedé solo”.