Miguel Ángel Guerra esperó toda su carrera para largar un Gran Premio de Fórmula 1. Cuando por fin lo logró, en Imola en 1981, la carrera le duró apenas unos segundos. Un choque a 400 metros de la partida lo mandó contra las barreras, le fracturó el tobillo izquierdo y cerró para siempre su historia en la máxima categoría del automovilismo mundial. Así lo recordó TyC Sports en un reciente perfil del piloto porteño.
Guerra nació el 31 de agosto de 1953 en Buenos Aires y se destacó en el automovilismo nacional antes de cruzar el Atlántico. Fue tricampeón de la Fórmula 2 argentina entre 1975 y 1977, un palmarés que le abrió las puertas de Europa y lo llevó a competir en la Fórmula 2 del viejo continente.
En 1981 consiguió un lugar en Osella, un equipo modesto que luchaba carrera a carrera para meterse entre los 24 autos habilitados para largar. Debutó en Long Beach, en el Gran Premio de los Estados Unidos Oeste, pero no clasificó. Tampoco lo logró en Brasil ni en Argentina, en su propia casa.
La cuarta fue la vencida. En Imola, que ese año recibía por primera vez el Gran Premio de San Marino, Guerra clasificó 22° a más de cuatro segundos de la pole de Gilles Villeneuve. El domingo, con la pista mojada, largó su primer Gran Premio. Pero en la curva Tamburello, Eliseo Salazar, que arrancaba detrás con un March, le tocó la rueda trasera derecha y lo mandó directo contra las barreras del lado de adentro. “En esos autos había poca protección para los pies”, explicó el propio Guerra en declaraciones que recoge TyC Sports. Las radiografías confirmaron una doble fractura en el tobillo izquierdo.
Cuando se recuperó, Enzo Osella no le devolvió el asiento. A fines de 1981 corrió una carrera de Fórmula 2 con Giancarlo Minardi en Misano, donde terminó 13°. A comienzos de 1982, una devaluación en Argentina hizo imposible reunir el presupuesto necesario para volver a la F1 y decidió regresar al país.
De vuelta en Argentina, Guerra siguió cosechando logros: fue subcampeón de la Fórmula 2 Codasur en 1984 y campeón del TC2000 en 1989, uno de los títulos más importantes del automovilismo nacional.
Hoy, con 73 años, sigue de cerca el presente de Franco Colapinto. “Estoy sorprendido por lo que Franco mueve”, dijo en abril de 2026 al diario El Litoral, y contó que la fiebre por el piloto argentino ya llegó hasta sus nietos.








