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Miguel Ángel Oviedo: campeón del 78 y hoy recepcionista

Titular: La Cata Oviedo: campeón del mundo en el 78, ganador de la Libertadores y hoy recepcionista en un polideportivo de Córdoba

Hay glorias del fútbol argentino que eligieron el camino del ruido: la TV, los medios, la política deportiva. Y hay otras que, silenciosamente, decidieron seguir laburando. Miguel Ángel “La Cata” Oviedo pertenece a ese segundo grupo, el más honesto, quizás el más difícil.

Este 12 de octubre, el mediocampista cordobés cumplió 76 años. Y los festejó como cualquier otro día: cumpliendo su turno en el Polideportivo Municipal Carlos Cerutti, en el barrio San Martín de la ciudad de Córdoba, donde trabaja hace aproximadamente dos décadas como recepcionista y empleado administrativo de la Dirección de Deportes de la Municipalidad. Abre el estadio, atiende el teléfono, recibe a la gente que llega a entrenar. Algunos lo reconocen. La mayoría, no.

La historia de Oviedo es, de entrada, una historia de barrio. Nacido en Córdoba el 12 de octubre de 1950, se formó en Palermo, un club de la ciudad, y dio sus primeros pasos en Primera con la camiseta de Instituto en 1973. Un año después, Talleres pagó su pase y comenzó una relación que lo convertiría en leyenda: La Cata es, hasta hoy, el jugador con más partidos en la historia del club. Una marca que habla por sí sola.

Con la camiseta de la T llegó a la final del Torneo Nacional de 1977, que se perdió ante Independiente. Pero ese rendimiento sostenido le abrió una puerta enorme: la de la Selección Argentina. César Luis Menotti lo incluyó en la lista de 22 para el Mundial 1978, el que se disputó en el país y que terminó con la primera estrella en el pecho de la Albiceleste. Oviedo fue uno de los tres jugadores de Talleres en ese plantel histórico, junto con Luis Galván y Daniel Valencia. Su participación en el campo fue acotada, reduciéndose a algunos minutos en la goleada 6-0 ante Perú, en la segunda ronda. Fue su único partido con la camiseta nacional, pero alcanzó y sobró para quedar grabado para siempre en la historia del fútbol argentino.

Terminado su ciclo en Talleres, La Cata dio un giro inesperado y fue a parar a Independiente, justamente el equipo que le había negado aquel título en el 77. En Avellaneda, sin embargo, le sonrió la fortuna: fue parte del plantel que conquistó el Campeonato Metropolitano de 1983 y, al año siguiente, la Copa Libertadores y la Copa Intercontinental de 1984. Un palmarés que cualquier futbolista envidiaría.

Después volvería a Talleres, pasaría por Deportivo Armenio y cerraría su carrera como jugador en Los Andes en 1993. Intentó mantenerse en el fútbol como entrenador en Racing de Córdoba y en algunos equipos de la liga local, pero las oportunidades no llegaron con la frecuencia que esperaba. Y entonces tomó otro camino.

“Laburé toda la vida de lo que me tocó, sin pedir privilegios a nadie”, resumió en una entrevista con El Gráfico. En diálogo con Infobae, recordó que cobró 35.000 dólares por el título mundialista de 1978 y confesó que rechazó ofertas por sus camisetas de esa Copa del Mundo, aunque señaló que algunos excompañeros debieron venderlas por necesidad.

Hoy, la medalla del 78 la custodia una de sus hijas. Él, mientras tanto, sigue abriendo las puertas del polideportivo todas las tardes, de 14 a 21, con la misma sencillez con la que jugó al fútbol durante veinte años. Una lección silenciosa, en cada turno.

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