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Loco Salinas: campeón con Boca y River, preso y una vida de película

El Loco Salinas: campeón con Boca y River, echado de la Selección y preso por narcotráfico, la vida de película de un futbolista irrepetible

Murió el martes 1° de septiembre a los 70 años. Fue figura en las copas Libertadores e Intercontinental con Boca, parte del River que rompió 18 años sin títulos y autor del gol que hundió a San Lorenzo al descenso. Pero su vida fuera de la cancha fue tan intensa —y tan oscura— como sus mejores actuaciones.

Carlos Horacio Salinas, el Loco, se fue sin arrepentimientos. Así lo repitió en cada entrevista que dio a lo largo de los años, y así lo ratificó con cada una de sus decisiones. Nacido el 26 de mayo de 1954 en la Ciudadela, uno de los barrios más populares de San Miguel de Tucumán, desde chico supo que la vida no le iba a regalar nada: a los 8 años lustraba zapatos en las calles de la capital tucumana y a los 11 repartía bollos en las tribunas de la cancha de San Martín. Nadie hubiera imaginado entonces la carrera que lo esperaba.

Entre 1974 y 1986, Salinas construyó una trayectoria que mezcló lo sublime con lo explosivo. Volante ofensivo de buen pie y temperamento encendido, debutó en River bajo las órdenes de Ángel Labruna y fue parte del plantel que en 1975 cortó la maldición de los 18 años sin títulos. Sin embargo, su historia más gloriosa la escribió con la camiseta que siempre amó: la de Boca Juniors.

Con el Xeneize fue protagonista de dos conquistas históricas: anotó el tercer gol en la final de la Copa Libertadores 1978 ante Deportivo Cali (4-0 en La Bombonera) y también convirtió en la Copa Intercontinental 1977, disputada en Alemania ante Borussia Monchengladbach (3-0). También le marcó a River en el Monumental en las semifinales de esa misma Libertadores. Tres goles que quedaron grabados en la historia grande del club de La Ribera.

Pero el Loco no era un jugador de medias tintas. La misma pasión que lo llevaba a anotar en finales lo metía en problemas monumentales. En Boca llegó a recibir 26 fechas de suspensión tras tomar del cuello al árbitro Abel Gnecco en un partido ante Huracán en Parque Patricios. Fue expulsado en revancha de Copa Interamericana en el Azteca, en amistosos de verano y hasta en su reaparición tras una larga sanción. La disciplina nunca fue su fuerte, algo que él mismo reconoció sin pudor: su falta de conducta también lo dejó afuera de la Selección que condujo César Luis Menotti, con quien convivió en los Juegos Panamericanos de México en 1975.

Tras su paso por Boca, Salinas llegó a Argentinos Juniors como parte del pase de Diego Maradona y el 15 de agosto de 1981 protagonizó otra escena histórica: convirtió de penal el gol que condenó a San Lorenzo al primer descenso de un club grande en el fútbol argentino. Luego vistió la camiseta de Independiente, donde compartió plantel con Ricardo Bochini, uno de los pocos que lo visitaría en la cárcel años después.

El tramo final de su carrera lo llevó a Colombia, en plena efervescencia del narcotráfico. Jugó en Deportivo Independiente Medellín y en Pereira, y volvió a Argentina con tanto dinero que, según contó él mismo, debió pegarse los billetes al cuerpo con cinta adhesiva porque no le entraban en la valija. Llegó a tener siete departamentos en Buenos Aires, dos BMW y lo que describió como “dos millones de dólares en el bolsillo”. Todo lo despilfarró antes de terminar de jugar.

Se despidió del fútbol profesional en Racing de Córdoba en 1986. Tenía apenas 31 años. Lo que vino después fue la posdata más dura de su vida: en 1987 fue detenido por la división de toxicomanía y pasó tres meses y medio en la cárcel de Devoto bajo una acusación de narcotráfico. Siempre se declaró inocente. En 1988, según la prensa de la época, intentó quitarse la vida desde el undécimo piso de su departamento, aunque él nunca lo confirmó del todo.

Volvió a Tucumán, vivió años de soledad y pobreza, nunca se arrepintió de nada. En sus últimos tiempos había regresado a Buenos Aires y recibía una ayuda de la Mutual de Boca, además del alquiler de un departamento que le había quedado de aquella época dorada.

“Llegué a tener dos millones de dólares en el bolsillo. Me los patiné y no me arrepiento. Si la tenés, gastala. ¿Para qué la querés?”, resumió con una sinceridad que lo retrató mejor que cualquier estadística.

Carlos Horacio Salinas murió el martes 1° de septiembre de 2026. Tenía 70 años. Su vida, como siempre lo fue, excedió cualquier definición que le pudiera caber al fútbol.